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Violencia de género en el embarazo

RESUMEN

La violencia ejercida contra la mujer es un fenómeno universal que persiste en todos los países del mundo independientemente de culturas, clase social, nivel educativo, etnia y edad. A comienzos del siglo XXI, la violencia mata y daña a tantas mujeres y niñas de entre 15 y 44 años de edad como el cáncer. La OMS estima que una de cada cinco mujeres en el mundo ha sido maltratada física o sexualmente en algún momento de su vida; la mayor parte de estos abusos son realizados por la pareja de la mujer. Este tipo de violencia puede tener importantes consecuencias negativas a corto y largo plazo en la salud física y mental de las mujeres que pueden persistir incluso cuando dicha violencia ha finalizado, siendo aún más graves en el caso de las mujeres embarazadas ya que a las consecuencias para las víctimas se añaden los efectos secundarios en el feto y el recién nacido.


Desde los servicios de Atención Primaria y Especializada se puede desempeñar un papel crucial para ayudar a las mujeres que sufren violencia, nuestra intervención es necesaria en la prevención, detección precoz y tratamiento de este problema.
Palabras clave: Violencia de género, embarazo, prevención, actuación sanitaria.

INTRODUCCIÓN

A lo largo de la historia de la humanidad se ha ido alimentando y transmitiendo la creencia de que las mujeres eran inferiores a los hombres tanto desde el punto de vista moral como intelectual y biológico (1). Desde la antigüedad se ha defendido la idea de que la mujer tiene su destino marcado y con él sus limitaciones, su mundo era exclusivamente el ámbito privado: el cuidado de los hijos, el marido y la atención a todas las tareas del hogar. Así, cualquier otra actividad fuera del ámbito del cuidado de la familia era fuertemente sancionada (2).
A partir de esta supuesta inferioridad se justificó, y se justifica todavía en muchos aspectos, la utilización de la violencia contra ellas como instrumentos de control sobre sus vidas (1).

Se puede decir que las cosas han cambiado, y que en los países democráticos la situación de las mujeres ha mejorado considerablemente. Es cierto, pero también lo es que la continuidad de la violencia de género demuestra que estos cambios no son entendidos y aceptados por todos. El movimiento feminista ha contribuido de forma decisiva en la redefinición de la violencia que ha pasado de calificarse una cuestión personal y privada a considerarse como problema social (2). Fue de manera especial el movimiento de liberación de las mujeres iniciado en la década de 1960 las que presionaron para situar este problema en la agenda política centrándose en la violencia sexual y doméstica. En este reconocimiento de la violencia como problema social contribuyeron además de forma decisiva los organismos europeos, las conferencias internacionales y la creación de instituciones y entidades que fueron introduciendo y diseñando políticas a favor de la igualdad entre hombres y mujeres (2).

En 1994 se constituye el primer instrumento internacional de derechos humanos que aborda de forma explícita este problema, la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Fue aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas. Según esta Declaración la violencia contra las mujeres es (3,4):

Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.

Esta Declaración marcó un hito histórico por tres razones básicas: En primer lugar porque colocó a la violencia contra las mujeres en el marco de los Derechos Humanos reconociendo que la violencia ejercida contra las mujeres por el hecho de serlo es una violación de esos derechos. En segundo lugar porque amplió el concepto de violencia incluyendo sus diferentes formas así como las amenazas de sufrirlas. Y en tercer lugar porque resaltó que se trata de una forma de violencia basada en el género es decir, ejercida por los varones contra las mujeres por el hecho de serlo (1,4). A estas tres razones habría que añadir una cuarta y es que se ha llegado a convertir en el marco común que manejan en la actualidad la mayoría de los organismos nacionales e internacionales (la propia ONU, la OMS, la Comisión Europea) (1).

Desde hace aproximadamente una década, esta violencia contra las mujeres ejercida para mantener la discriminación, la desigualdad, las relaciones jerárquicas y el poder sobre las mujeres se ha denominado violencia de género (4).

TIPOS DE VIOLENCIA DE GÉNERO

Partiendo de la definición de la ONU comentada anteriormente, hay coincidencia en la mayoría de la literatura sobre el tema en señalar que la violencia contra las mujeres adopta tres formas principales (3,5):

  • Violencia física: Comprende cualquier acto no accidental que implique el uso deliberado de la fuerza, como bofetadas, golpes, empujones, heridas, fracturas o quemaduras, que provoquen o puedan provocar una lesión, daño o dolor en el cuerpo de la mujer.
  • Violencia sexual: Cualquier atentado contra la libertad sexual de la mujer por el que se la obliga a soportar actos de naturaleza sexual o realizarlos. Incluye cualquier acto o expresión sexual realizado contra su voluntad que atente contra su integridad física o afectiva (bromas, propuestas sexuales indeseables…), cualquier acto o relación sexual no consentida por la mujer (acoso, violación…), cualquier relación o acto sexual que la mujer considere humillante o doloroso o la obligación de prostituirse.
  • Violencia psicológica: Conducta intencionada y prolongada en el tiempo, que atenta contra la integridad psíquica y emocional de la mujer y contra su dignidad como persona, y que tiene como objetivo imponer las pautas de comportamiento que el hombre considera que debe tener su pareja. Sus manifestaciones son las amenazas, insultos, humillaciones o vejaciones, la exigencia de obediencia, el aislamiento social, la culpabilización, la privación de libertad, el control económico, el chantaje emocional, el rechazo o el abandono. Este tipo de violencia no es tan visible como la física o la sexual, es más difícil de demostrar, y en muchas ocasiones no es identificada por la víctima como tal sino como manifestaciones propias del carácter del agresor.

Sin embargo, y aunque ésta sea la diferenciación más común, frecuentemente se añaden a estas otras formas de violencia, dando lugar a la descripción de los siguientes tipos (1): 

  • Violencia estructural: Barreras intangibles e invisibles que impiden el acceso de las mujeres a los derechos básicos como la negación de la información sobre los derechos fundamentales y las relaciones de poder en los centros educativos o de trabajo.
  • Violencia económica: Desigualdad en el acceso a los recursos compartidos (dependencia económica, control del acceso al dinero común…), impedir su acceso a un puesto de trabajo, a la educación o a la salud.
  • Violencia espiritual: Destrucción de las creencias culturales o religiosas mediante el castigo, la ridiculización o la imposición de un sistema de creencias ajeno al propio.
  • Violencia política o institucional: Se manifiesta cuando las instituciones (educativas, legislativas, judiciales…) no desarrollan políticas de igualdad de oportunidades o las desarrollan insuficientemente, cuando no se desarrollan programas de prevención de la violencia y/o no se protege a las mujeres que la sufren.
  • Violencia simbólica: Invisibilización de las mujeres en los textos, el cine o la publicidad, o su reproducción desarrollando sólo aquellos roles tradicionalmente considerados como propios de ellas.

 

PARROQUIA SANTA GERTRUDIS. Para mas consejos visita la pagina del grupo Alianza con Dios por la vida.

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