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Salvemos a la familia, salvemos a la nación

Salvemos a la familia, Salvemos a la Nación

Padre Shenan J. Boquet

La infame cita atribuida a Vladimir Lenin es “Destruyamos la familia, destruyamos la nación”. Por supuesto, Lenin no dijo esto para defender la familia, sino como parte de su meta a largo plazo de destruir las naciones en vía hacia su revolución mundial. Insólitamente, Lenin todavía tiene defensores, aunque mayormente mantienen su taller en la extrema izquierda del espectro político por medio de empleos bien remunerados, la mayor parte de las veces en las universidades, donde se salvan de tener que sufrir las consecuencias de sus propias ideas.
Esa gente a veces se queja de que Lenin y otros dictadores comunistas simplemente obtuvieron una mala reputación por parte de la historia.

Y es cierto – decenas de millones de seres inocentes asesinados por diseño del Estado pueden enfriar el entusiasmo hacia el legado de un líder. Pero, ¿qué nos dice todo ello acerca de nuestra nación respecto de nuestra negativa a aprender de la historia, especialmente respecto de cómo la desintegración de la familia afecta a la sociedad?

Excepto en el caso de que hayamos enterrado la cabeza en la arena, como los avestruces, es imposible no darnos cuenta del paralelo de las ideas y de la dirección que está tomando nuestra nación. EEUU se ha apartado de Dios. De hecho, estamos en medio de un debate acerca de si incluso el nombre de Dios puede ser mencionado en público.

Primero legalizaron el divorcio “express”, diciendo que en todo caso no iba a ser tan común y que de hecho fortalecería el matrimonio como institución. Poco después legalizaron la anticoncepción, diciendo que también fortalecería el matrimonio, al darle a la gente la capacidad de espaciar los embarazos, y que haría innecesaria la legalización del aborto, ya que habría menos embarazos “indeseados”.

Pero, de inmediato, se hicieron frecuentes las exigencias de que se legalizase el aborto, ya que resulta que cuando la gente acepta la idea de que el fin principal de las relaciones sexuales es la recreación, en vez de la procreación, el aborto es el próximo paso de esta perversa lógica de evitar los niños “indeseados”. Luego dijeron que había que legalizar el aborto solamente en ciertas circunstancias, ya que ello haría innecesaria la legalización irrestricta del aborto, debido a que… bueno, creo que usted capta la idea.

¿Está nuestra nación más unida ahora que cuando se añadió “En Dios Confiamos” a nuestra moneda? ¿Está nuestra economía mejor, o en una mejor trayectoria hacia el crecimiento? ¿Somos más tolerantes los unos con los otros? ¿Tiene la gente más esperanza o siente más optimismo respecto del futuro?

¿Cuándo aprenderemos? Llevamos décadas en retirada en cuanto a mantener la ley de Dios como fundamento de nuestra vida como nación. De hecho, a nuestro Tribunal Supremo se le ha encomendado tomar la decisión de cómo definir legalmente el matrimonio. El pasado martes 26 de marzo (2013), el Tribunal Supremo sostuvo audiencias de argumentos en contra de la Propuesta 8 de California, la cual define el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. Al día siguiente, sostuvo audiencias de argumentos en contra del Acta para la Defensa del Matrimonio, un proyecto de ley que fue aprobado hace solamente 17 años, el cual, a pesar de recibir el apoyo de la inmensa mayoría de ambas cámaras del Congreso y de ambos partidos políticos, ahora ha sido abandonado por muchos de los que lo apoyaron, incluyendo el propio presidente que lo firmó convirtiéndolo en ley.

De hace poco tiempo para acá escuchamos diariamente acerca de personas “conservadoras”, quienes, por motivos personales o pragmáticos, han “evolucionado” en su pensamiento y ahora consideran que el “matrimonio homosexual” debe ser aceptado. No entiendo los razonamientos que han sido presentados. El argumento por motivos personales dice que debido a que un miembro de la familia es homosexual, entonces el matrimonio ya no es necesariamente la unión exclusiva y de por vida entre un hombre y una mujer abierta a la transmisión de la vida. El argumento por motivos pragmáticos dice que si prescindimos de la definición verdadera del matrimonio, a lo mejor los medios seculares de difusión tratarán más justamente a los “conservadores” en el próximo ciclo de elecciones, o por lo menos no los tildarán de enemigos de las mujeres y de los pobres. ¡Por favor!

Hemos dejado de razonar correctamente no sólo como individuos, sino también como nación. No solamente no aprendemos de la historia acerca de la necesidad de defender la vida, la fe y la familia, sino que tampoco aceptamos aprender del presente. Algunos de nosotros de hecho creen que si solamente prescindimos de este principio – a saber, que la institución fundamental para la familia es el matrimonio entre un hombre y una mujer – que entonces finalmente seremos capaces de cambiar el rumbo y salvar a nuestra nación de la ruina moral y económica.

Pero si no defendemos el matrimonio con firmeza, ¿qué vamos a defender? Para aquellos cuyo único interés es la economía, ¿cómo pretenden disminuir el tamaño del gobierno por medio del abandono de la única institución que se sabe que puede ahorrar el gasto público, engendrando y formando ciudadanos que son más saludables y menos propensos a necesitar del Estado para sobrevivir?

No creo que nuestros líderes políticos, o por lo menos la mayoría de ellos, quieran seguir los pasos de los dictadores quienes convirtieron a la familia en su blanco de destrucción. Creo que la mayoría de ellos son simplemente unos insensatos. Creo que sus razonamientos han sido corrompidos, así como las instituciones y la cultura de nuestra nación han sido corrompidas, por haberse apartado de Dios y hacer componendas con una cultura que es abiertamente hostil a cualquier cosa que sea auténticamente buena. Creo que la mayoría de ellos piensa que la compasión exige que se redefina el matrimonio, que se permita el crecimiento sin supervisión de un Estado burocrático que no le rinde cuentas a nadie, que se permita la matanza de criaturas por nacer, etc., etc.

Mientras tengamos aliento de vida, y mientras tengamos a la Iglesia, todavía hay esperanza. Mostremos nuestro amor los unos por los otros, por nuestras familias, por nuestra nación, y aún por aquellos que no están de acuerdo. Por favor, defienda la auténtica compasión, la verdadera esperanza y el verdadero razonamiento por medio de la verdad y la caridad, la oración y el ayuno.


Padre Shenan J. Boquet… Presidente de HLI
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