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Misericordia, bálsamo después de un aborto

Este año de la misericordia que la Iglesia nos obsequia prevé grandes encuentros. Se trata del regreso, que la Iglesia nos propone de una vida alejada de Dios y por tanto llena de sufrimientos diversos, hacia el Padre que nos espera –ansioso-, se trata también de nuestro paso, esperando apurarlo para que se dé el encuentro entre quien sufre y el Consolador, el que tiene hambre y el Pan de Vida, el que se conoce desgraciado y Aquel que es fuente de la Gracia.

Muchas son las cosas de las cuales poder abordar respecto al hombre sufriente, pero el aborto será la primera.

El aborto implica un sufrimiento terrible, heridos los padres –y no solo la madre-, la sociedad entera es capaz de encontrarse despojada a la vera del camino, herida, sangrante, asaltada de las ideas de hoy, del hedonismo, del egoísmo ajeno, de la indiferencia.

El silencio que tiene un resguardo ideológico y egoísta, falto de la caridad cristiana y el sacrificio que implica el servicio ha puesto el camino que muchas mujeres siguen hacia el drama del aborto que concluye con un profundo dolor: la muerte del hijo, con el cual ellas y todos los involucrados cargan.

Todo un complejo sistema basado en el individualismo, el hedonismo, la falta de caridad y el relativismo lleva a las mujeres a dar una respuesta concreta y negativa ante una nueva vida que surge en su seno y que supone una “amenaza” creciente. Todo esto es un verdadero drama, y por ello, en muchas de las ocasiones las respuestas dadas son no solo difíciles sino terminantes. Estas son heridas que marcan la vida de las mujeres y todos los involucrados.

 

Es una culpa grave, gravísima que la Iglesia reconoce, se daña la dignidad de la persona humana y se comete una gran injusticia, no solo personal sino social, (el aborto es también un pecado social), y se ofende a Dios, Autor de la vida.

Pero la Iglesia no marca un juicio y da sentencia. La Iglesia ante todo sigue a su Esposo, que conoce el corazón de cada uno de nosotros y reconoce que habiendo efectivamente realizado actos que les marcan y manchan, son ellos, los autores de estas muertes, quienes llevan heridas profundas. Los heridos buscan paz y la recuperación que trae la sanación.

La clave evangélica: el Buen samaritano. Cristo nos da la pauta para poder acercarnos y ayudar a estas personas. Es Cristo el Buen Samaritano que se acerca a la humanidad sufriente y nos acerca el misericordioso bálsamo: Él mismo.

Cuánto podemos aprender del don de amor que Cristo nos presenta en esta clave evangélica: lo vio, se acercó, lo cuidó, echó vino en sus heridas, lo cargó, lo subió a su caballo, lo llevó a la posada, y pagando por anticipado asegura el pago de “aquello que faltase” cuando vuelva (cf. Lucas 10:29-37).

La Iglesia nos muestra este año de la misericordia el camino que ha seguido desde la venida de Cristo. El deber primario y urgente de la Iglesia es siempre acercarse, no atrabancadamente, sino con Amor y delicadeza, con Cristo siempre. Pues Él es El Buen Samaritano.

Ante el dolor profundo de un aborto, ante el reconocimiento del dolor, Cristo a través de su Iglesia, nos propone un camino, no hay otro, para encontrar el bálsamo que curará finalmente las heridas producidas por tan inexplicable decisión; es Él la fuente de ese bálsamo, el mismo bálsamo y el abrazo que finalmente nos sana.

La Iglesia quiere acercar la misericordia a todos los que sufren por este mal que se aferra a las sociedades actuales, matando niños y destruyendo almas.

Reconocer a Cristo, Buen Samaritano que se hace prójimo de quien sufre por la herida del aborto, que “lo ve” personalmente, fija su mirada de Amor en ésta y, aquella que sufre, que se acerca, que vierte el bálsamo sobre la herida y les carga hasta la posada: La Iglesia. Es ahí donde el Buen samaritano confía la sanación de aquel que sufre, ahí confiado a los apóstoles que dejó en la Iglesia que Él fundó. No solo les lleva, sino que ha pagado anticipadamente la restauración de esas almas, y no contento con su entrega anticipada, en su Infinita misericordia prevé “completar” el pago con su constante sacrificio incruento.

La Iglesia conoce el dolor de quien, dándose cuenta del mal que ha provocado, arrepentido de corazón, está herido y desea volver a la Gracia del Dios. A ellos la Iglesia se les acerca con amor y delicadeza, con atención maternal anunciándoles la misericordia de Dios en Cristo Jesús.

El Evangelio de la Vida es siempre sin dudarlo el Evangelio de la Misericordia. Esta misericordia es la fuente de toda esperanza. Sujeto a la Misericordia de Dios el alma es capaz de confiar en su propia curación, don de la Gracia.

 

El año de la misericordia abre con la posibilidad de que todos los sacerdotes tengan la facultad de acercar la Misericordia de Dios a quien, arrepentido del pecado del aborto, está sediento, herido y necesitado a la vera del camino. Es la expresión de Cristo que busca al pecador, que conoce nuestras debilidades y casos concretos, y que confía en que seremos salvos para responder a la altísima vocación del amor a la que hemos sido llamados.

Los pastores de nuestra Iglesia, buenos samaritanos, con el corazón de Cristo pueden ver lo que el alma necesita y con atención pastoral solícita son signo de Cristo.

El aborto siempre deja huellas imborrables no solo en las mujeres que lo procuran sino en toda la sociedad. Devasta la vida no solo de quien es asesinado a través de tan horrendo crimen sino de todos los que, implicados y embebidos en una sociedad utilitarista e individualista, desprecian la vida. El mal que han hecho es una grave injusticia que no puede resarcirse. Sin embargo la Iglesia repite en este año de la misericordia la exhortación de la Encíclica Evangelium Vitae: “No os dejéis vencer por el desánimo y no abandonéis la esperanza. Antes bien, comprended lo ocurrido e interpretarlo en su verdad. Si aún no lo habéis hecho, abríos con humildad y confianza al arrepentimiento: el Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la Reconciliación. Podéis confiar con esperanza a vuestro hijo a este mismo Padre y su misericordia” (no. 99).

La misericordia entraña un amor profundo, infinito, capaz de Dios.

Por ello, este año de la misericordia que comienza veamos con esperanza y agradecimiento a Quien viéndonos en la tierra, heridos, maltrechos y sedientos, se acerca a nosotros para brindarnos una nueva esperanza, un nuevo amor y una nueva vida, base de una nueva cultura, la cultura de la vida donde todos aquellos que sufren pueden ser recibidos y sanados.

Por  Cecilia Rodríguez Galván. Asesora de Vida Humana Internacional.

Red de Sacerdotes y Seminaristas por la Vida.Misioneros a favor de la vida en el mundo.

                                                         ¡NOTA IMPORTANTE!

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¡No abortes a tu hijo! Llama a la red de la Reversión de la Píldora de Aborto, no cargues con ese remordimiento por el resto de tu vida tu dolor puede ser indescriptible... tu hijo es amor... ¡AMALO! Como Dios te ama.

24/7 URGENCIAS: (877) 558-0333 • Contacto de oficina no urgente: (619) 577-0997 • Fax: (619) 692-8147 • www.abortionpillreversal.comEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.m

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